sábado, 30 de junio de 2012

Viernes 29 de Junio de 2012


            12:41 h. Buenos días querido amigo, hoy hace una semana que salí del hospital con un alta temporal, pues en dos semanas me volverán a ingresar. No puedes hacerte idea de lo que supuso el día 22 de Junio la noticia inesperada por la doctora Mar a las 14 horas de que me daban el alta por dos o tres semanas, fue fantástico después de 67 días seguidos de convalecencia en el hospital. Ayer fui a la visita del otorrino, El doctor Orús se congratuló por la mejoría de mi oído y me dijo que esto curaría definitivamente cuando hayamos vencido a la leucemia, Me fui en transporte público, lo que supuso viajar en autobús hasta Barcelona y luego coger el metro haciendo tres trasbordos, una hora de viaje, pero bien, esto te puede dar una idea de cómo me encuentro. El próximo martes tengo visita y he de coger el autobús a las 6 horas para estar a las 7 en extracciones, luego tengo un electrocardiograma a las 10:30 h., con cardiología para la arritmia a las 11:40 h., con José Manuel para las curas del catéter en el hospital de día de hematología y oncología a las 12 h., creo que me tendrá que poner dos puntos pues tengo suelto el catéter y por último a las 12:15 h., una entrevista con el hematólogo. Será una mañana intensa, espero dar la talla. Gracias a Dios me encuentro bien, los primeros días noté que mi musculatura estaba muy débil, me costaba subir y bajar escaleras y me cansaba enseguida pues mi capacidad pulmonar había disminuido a causa del internamiento prolongado en una habitación, así que me asistí de un bastón. Si le tuviera que hacer alguna recomendación al respecto a alguien en la misma situación, le diría que haga ejercicio para no perder el tono muscular ni la capacidad pulmonar, de hecho es lo que pienso hacer en mi próximo ingreso, que espero sea el definitivo ¡Bendito sea Dios, lo voy a superar!  El Sábado 23 hice una de mis empanadas, cuando algo me sale bien o mal, no necesito que los demás me lo reconozcan, yo soy mi mejor crítico ya sea en un sentido o en otro. Me salió muy buena y así le pareció a mis cuñados Chelo y Saliu a mis amigos Isabel y Eduardo el mexicanboy, a mis padres, a mi esposa e hija y por supuesto a mi mismo, todo el que vino a visitarme el Sábado probó la empanada. El Domingo salimos a dar un buen paseo y aprovechamos para visitar a nuestra amiga Poli, viuda de José Luis que murió valientemente de cáncer, era un poco más joven que yo, tenía metástasis y no pudo superarlo. Tengo agujetas todavía pero no paro, y todo lo que tenga que hacer andando lo hago, de modo que ya no necesito el bastón. El Lunes 25 arreglé una persiana, cambié dos interruptores y compré unas cortinas de baño que se habían deteriorado y como no, estoy cocinando para la familia unas veces con mejor éxito que otras, pero cuando llega mi esposa de trabajar sobre las 14:30 h., ya tiene su plato puesto en la mesa. Las lentejas del lunes le gustaron mucho, a los garbanzos con alcachofa del martes les saco peros, estaban sabrosos pero les eché demasiada agua para su gusto, los espaguetis del miércoles me salieron muy buenos, el jueves hice judías con patatas y restos del congelador como palitos de pollo, dos rollitos de primavera, también un chorizo que quedó, huevos duros y dos huevos fritos con la yema quemada para mí, hoy viernes voy a hacer unas butifarras con espinacas a la catalana salteadas con piñones y uvas pasas para Sara y para mi y con patatas fritas para Eunice.
            20:00 h. Acabo de venir de hacer kilómetros con el camión, hace unos días se quedó sin batería y necesitaba que lo sacaran a dar una vuelta, el lunes le instalaré un desconectador para evitar que se descarguen las baterías. Me he sentido bien a los mandos de mi camión, me he desenvuelto bien sin dificultad como si no hubiera estado enfermo; tengo ganas de que pase todo y volver a retomar mi vida. A pesar de la crisis me niego a apoltronarme como un parásito en una paga como fuerzan muchos; quiero volver a la actividad, ser útil a la sociedad, a mi familia, superar los retos y dificultades que se pongan en el camino, ¡luchar, luchar, luchar! sentirme vivo con esfuerzo y tesón como siempre hice, nadie me regaló nada y la suerte me abandonó muchas veces como a tantos otros ¿Cierto? Pero hay que seguir adelante, y cuando te sientes desfallecer y a punto de tirar la toalla tienes que levantarte y seguir adelante para mantener tu dignidad; no puede ser de otra manera. Triunfes o fracases pero con dignidad.  

¿POR QUÉ NOS MOLESTA QUE OTRO NOS SUPERE?

            1Corintios 4:7 dice: “Pues, ¿quién hace que tú difieras de otro? En realidad, ¿qué tienes tú que no hayas recibido? Entonces, si verdaderamente lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?” El orgullo puede referirse a la satisfacción que se siente por algo que se hace o se posee. Sin embargo, con frecuencia designa un exceso de estimación propia, el sentimiento del que se considera superior a otros por su capacidad, apariencia, riqueza o posición social; suele manifestarse con una actitud arrogante y un porte altanero. Así pues, el  corazón puede engañarnos para que nos enorgullezcamos de cosas indebidas, como serían la raza, las riquezas, la educación, las cualidades o los logros en el trabajo De esta clase de orgullo debemos huir decididamente los cristianos. ¿Por qué razón? Porque todos nacemos con tendencia al egoísmo, tendencia que hemos heredado de nuestro primer padre, Adán. El orgullo que nace de estas causas no solo no es bueno, sino que además desagrada a Jehová, Gálatas 6:3, 4 dice: “Porque si alguien piensa que es algo, no siendo nada, está engañando su propia mente. 4 Pero que cada uno pruebe lo que su propia obra es, y entonces tendrá causa para alborozarse respecto de sí mismo solo, y no en comparación con la otra persona”.
2 Un sabio rey dijo: “Yo mismo he visto todo el duro trabajo y toda la pericia sobresaliente en el trabajo, que significa la rivalidad de uno para con otro; esto también es vanidad y un esforzarse tras el viento”  Eclesiastés 4:4. La rivalidad ha conducido a muchas personas a actuar imprudentemente. Por ejemplo, alguien ve que su vecino ha adquirido un televisor de 32 pulgadas, así que compra uno de 36, aunque el que tenía de 27 funciona a la perfección. Realmente, tal competencia es vanidad, como esforzarse por alcanzar el viento: mucho correr de un lado a otro para nada.
3 Por supuesto, la tendencia hacia la envidia no se circunscribe a los que tratan de alcanzar prominencia y prosperidad por métodos faltos de honradez. Por ejemplo, el trabajo duro y la eficacia son dignos de encomio. Sin embargo, es posible que una persona dé mucho énfasis a éstos debido a una tendencia hacia la envidia. ¿Por qué? Porque quizás al trabajar duro, no lo esté haciendo simplemente para efectuar algo que valga la pena, sino con el deseo de eclipsar a otros en obras, habilidad o productividad. La envidia lo empuja a alcanzar lo que otros han alcanzado y, de hecho, sobrepujarlos.Cuando la motivación de una persona en el trabajo está manchada de autoglorificación, a menudo queda eclipsado todo interés y benevolencia de su parte para con otros. Las limitaciones físicas y mentales de estos otros reciben poca o ninguna consideración. La competencia y la rivalidad reemplazan a un espíritu de cooperación amigable. Se puede usar una norma de juicio injusta de modo que la pura cantidad llega a ser la norma para comparar, sin tener en cuenta la calidad o el esfuerzo sincero, altruista que la otra persona puso en su trabajo. Puede que el valor de la persona se juzgue principalmente por lo que puede producir, en vez de por lo que ella misma es.
Ciertamente los esfuerzos por eclipsar a otros son perjudiciales, y los que se empeñan en eso ‘están esforzándose tras el viento,’ tras pura vacuidad. El que publica sus logros y se compara con otros suscita competencia y envidia. Al tratar de impresionar a otros con su propia superioridad, envidiosamente rehúsa reconocer las buenas cualidades que otros poseen. Celosamente guarda su posición, temiendo que otros lleguen a ser su igual y, quizás, hasta lo sobrepujen. Toda esa acción es contraria al mandamiento bíblico dado a los cristianos, a saber: “No nos hagamos egotistas, promoviendo competencias unos con otros, envidiándonos unos a otros.”—Gálatas 5:26.
Teniendo presentes estos principios, ¿por qué no volvemos a mirar a otros en torno nuestro... esta vez ‘considerando a los otros como superiores’? Si los consideráramos así,  ¿mejorarían las relaciones con nuestra familia, amistades, compañeros de trabajo o el público? Por ejemplo, el esposo puede proveer el dinero para el hogar. Pero quizás su esposa muestre mayor habilidad en hacer las compras de comestibles y otras cosas para la casa. Puede que también lo supere en el modo que arregla el hogar y al proporcionar la mayor porción del cálido afecto y ternura que los hijos precisan. Ciertamente el esposo no debe pensar que está perjudicando su autoridad si reconoce la superioridad de su esposa en estas cosas y tal vez en otras también. Sin duda servirá para aumentar el respeto que ella le tiene. Hasta los niños pueden hacer una contribución superior. El modo espontáneo, que tienen de expresar gozo y cariño tan natural y franco, los comentarios que hacen, pueriles pero honrados y sin seña de hipocresía, hasta pueden enseñarles algo a los adultos “avezados a las cosas del mundo.

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