12:11 h. Buenos días amigo, sesenta y cinco días de
confinamiento en el hospital, estoy triste, tengo ganas de llorar, a pesar de
la sorpresa que me han dispensado mis hijas Eunice y Queren hace un ratito con
su inesperada visita pues aunque sabia que Queren tenia intención de venir de
Tenerife no esperaba que viniera tan pronto. Los hospitales no están preparados
para atender las necesidades de las personas que llevan mucho tiempo
hospitalizadas, no es lo mismo pasar quince días hospitalizado, que se alargue
en el tiempo ésa situación. Empiezas a ver defectos que haberlos hailos, a
cansarte de la misma comida, tu capacidad de tolerancia se resiente, estas
irascible ojo no sin razón, por que lo que observo, en sintonía con la falta de
respeto que mostramos en este país al contribuyente; es la tendencia a como
dice el dicho popular “echar balones fuera” por ejemplo, acaba de venir la
doctora que lleva a mi compañero de habitación y a corrido la cortina para hablar con mi
compañero para que pareciera que estaban solos, pero yo estoy presente en el
mismo espacio enterándome de toda la conversación ¿Para que sirve correr la
cortina entonces? ¿Por qué no le han hecho ese feo mis doctores a mi compañero?
¿Qué incongruencia verdad? Somos un país de idiotas integrales. Cuando la gente
tiene algún problema, te lo cuenta y espera que te pronuncies y te postules,
pero ¡ay caray! como cambian las cosas cuando eres tu el que expresas una queja
o explicas un sucedido y ves como la gente no se pronuncia y se agota como si
le viniera grande lo que le cuentas, en fin parece que no nos interese nada que
vaya más haya de la frontera que supone la punta de nuestra nariz o el volumen
de nuestra panza y eso se agrava si le explicas el sucedido a alguien
relacionado con el implicado como por ejemplo un doctor o una enfermera, es
increíble como se esfuerzan en disculpar y
minimizar la importancia de lo sucedido., Así nos va, ¿pasará esto en
Alemania, Francia, Inglaterra, el resto de Europa, bueno de la Europa seria por supuesto?
Sin comentarios.
¿De que
sirve tener un servicio de comidas si ésta está incomible y se acaba tirando a
la basura? ¿Tanto cuesta tener más menús para evitar repetir casi cada día las
mismas comidas? ¿Para que sirve que venga la dietista a ver que necesito si no
puede cambiar nada? Cuantos sueldos innecesarios que incrementan seriamente los
costes del hospital ¿Para que te preguntan, si no tienen imaginación ni
intención de cambiar nada?
Ha venido
la doctora Brunet y me ha mencionado algo
muy extraño, me ha dicho que se había puesto en contacto con el hospital
Tauli de Sabadell para mi traslado a fin de continuar el tratamiento endovenoso
para mi infección de oído, otitis maligna que como ya sabes tarda entre tres y
seis meses en curar pero que tendría que volver para la quimioterapia, si me
han puesto la quimio de consolidación y se supone que es la última, ¿Cómo es
que tengo que volver? No lo entiendo, mañana se lo mencionaré a mis doctores
para que me aclaren éste punto. 13:24 h., está a punto de venir la comida y no
me hace ninguna ilusión, hasta luego amigo. Menú de medio día, puré de
verduras, pollo al horno, pera, gelatina de limón y pan, hoy estaba sabrosa la
comida, eso demuestra que es más asunto del cocinero que hace bien o mal las
cosas que de la comida en sí, aunque sea muy repetitiva; estoy cansado de
decírselo a la dietista Carmen pero no hay manera de remediarlo. Yo ya he
tirado la toalla así que cuando viene miro de quitármela de encima lo antes
posible, porque me parece una figura decorativa que no sirve para el propósito
previsto. Ayer por la tarde trasladaron a mi compañero Francisco, el profesor a
una habitación estanca y me trajeron a Miguel De Miguel un cardiólogo al que se
le ha realizado un autotransplante de médula y al que le han dado de alta ésta
mañana. Mañana iré a visitar a Francisco el profesor y comentaremos el
periódico que lee, La Gaceta
por cierto, le he cogido cariño al profesor, tiene cualidades que me gustaría
incorporar a mi personalidad, lo pasaremos bien.
22:10 h. He
cenado bien, pizza, bistec de atún a la portuguesa, naranja, gelatina y pan;
estaba exquisito, después ha venido mi amiga Isabel a pasar un ratito conmigo y
me ha traído “cositas” de yantar además de tiempo y cariño. Hoy hemos estado de
suerte, a ver mañana que tal. Buenas noches querido amigo.
¿POR QUÉ NOS SENTIMOS
INCOMODOS?
Hechos 10:10-15 dice:
Pero le dio mucha hambre y quiso comer. Mientras hacían
preparaciones, a él le sobrevino un
arrobamiento, 11 y contempló el cielo abierto, y
cierta clase de receptáculo que descendía como una gran sábana de lino que era
bajada por sus cuatro extremos sobre la tierra; 12 y en
este había toda suerte de cuadrúpedos y criaturas de la tierra que se arrastran
y aves del cielo. 13 Y le vino una voz: “¡Levántate,
Pedro, degüella y come!”. 14 Pero Pedro dijo: “De
ninguna manera, Señor, porque jamás he
comido cosa alguna contaminada e inmunda”. 15 Y le
[habló] de nuevo la voz, por segunda vez: “Deja
tú de llamar contaminadas las cosas que Dios ha limpiado”. Imagínate lo
incómodo que debió de sentirse Pedro al entrar en casa de Cornelio
en vista de los prejuicios que
había abrigado por tanto tiempo, ¿conseguiría “estar unido armoniosamente” con un gentil “en el vínculo [...]
de la paz”? Efe. 4:3, 16. Sí, pues días antes comenzó a modificar su
actitud hacia las personas de otras
razas. ¿Qué le ayudó a hacerlo? El espíritu santo le abrió el corazón,
y Jehová le reveló en la visión
reseñada arriba de Hechos 10:10-15, que él no considera mejor ni peor a ninguna persona
porque sea de determinada nacionalidad o
raza. Por eso, el apóstol le dijo a Cornelio: “Con certeza percibo que Dios
no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le
es acepto” Hechos 10:34, 35. Como vemos, Pedro cambió, lo que le permitió disfrutar de verdadera unidad con
“toda la asociación de hermanos” 1 Pedro 2:17.
”Además, dejen de juzgar, y de ninguna manera
serán juzgados; y dejen de condenar, y de ninguna manera serán condenados. Sigan
poniendo en libertad, y se les pondrá en libertad” Lucas 6:37. Cristo demostró
que conocía la tendencia del hombre
imperfecto a erigirse en juez de su
semejante. Era preciso que los oyentes de Jesús que acostumbraran juzgar
con severidad dejaran de hacerlo. ¿Por qué ‘dejar de juzgar’? Primero, porque
la autoridad que poseemos es limitada. El discípulo Santiago nos recuerda que
“uno solo hay que es legislador y juez”: Jehová. Luego formula esta
significativa pregunta: “Tú, ¿quién eres, para que estés juzgando a tu
prójimo?” Santiago 4:12. Además, nuestra naturaleza pecaminosa se presta a la
emisión de juicios poco equitativos. Muchas actitudes y motivos —como el prejuicio, el orgullo herido, los celos y
el fariseísmo— pueden llevarnos a ver
al semejante con una óptica distorsionada. Y adolecemos de muchas más
limitaciones, en las que conviene meditar para no apresurarnos a señalar
las faltas ajenas. Por ejemplo, no podemos leer el corazón
ni conocemos todas las circunstancias de nadie. En imitación del Todopoderoso,
es mucho mejor pasar por alto los
defectos y buscar las virtudes.
Las actitudes —buenas o
malas— pueden aprenderse. De hecho, tienen que aprenderse. La Collier ’s Encyclopedia
dice sobre el recién nacido: “Las actitudes que tendrá de mayor serán adquiridas o aprendidas, tal como
se adquiere o aprende un idioma o cualquier otra habilidad”. ¿Cómo se aprenden
las actitudes? Aunque hay muchos factores que contribuyen, el ambiente y las compañías son determinantes. La enciclopedia
antes mencionada explica: “Aprendemos o absorbemos, como por ósmosis, las
actitudes de nuestros amigos íntimos”. Miles de años atrás, la Biblia dijo algo parecido:
“El que está andando con personas sabias se hará sabio, pero al que está
teniendo tratos con los estúpidos le irá mal” Proverbios 13:20.
“Las
caricaturas [dibujos animados] y los videojuegos influyen más en el comportamiento de los niños de 6 a 12 años que la escuela, pues éstos pasan hasta
38 horas semanales frente al televisor contra sólo 23 horas en las
aulas”, informa El Universal, de México. El investigador Omar
Torreblanca comentó que la televisión enseña a los niños qué actitudes adoptar
en determinadas situaciones, pero no los hace conscientes de si estas son
buenas o malas. Explicó: “Si el pequeño ve dibujos animados o una película
donde es amarrado uno de los personajes con resultados satisfactorios, lo más
probable es que imite esta práctica”. Su investigación indica “que el niño
aplica en su vida cotidiana lo que
aprende diariamente de la televisión, pero no los conocimientos de la escuela, porque los considera como una obligación”.
“Nosotros, pues, los que
somos fuertes, debemos soportar las debilidades de los que no son fuertes,
y no estar agradándonos a nosotros
mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para la
edificación de este. Porque hasta el Cristo no se agradó a sí mismo; sino
que, así como está escrito: ‘Los vituperios de los que te vituperaban han caído
sobre mí’” Romanos 15:1-3. Es fácil
decir que queremos servir a los demás y anteponer sus necesidades a las
nuestras. Pero un examen sincero de nuestra actitud mental puede revelarnos que
el corazón no siempre está
dispuesto a hacerlo. ¿Por qué no? Primero, porque hemos heredado las
tendencias egoístas de Adán y Eva; segundo, porque vivimos en un mundo que fomenta el egoísmo ”17 Esto,
por lo tanto, digo, y de ello doy testimonio en [el] Señor: que ya no sigan
ustedes andando tal como las naciones también andan en la inutilidad de su
mente, 18 mientras mentalmente se hallan en oscuridad, y
alejadas de la vida que pertenece a Dios, a causa de la ignorancia que hay en
ellas, a causa de la insensibilidad de
su corazón Efesios 4:17, 18. Cultivar una actitud altruista a menudo significa
adoptar un modelo de pensamiento contrario a nuestra naturaleza imperfecta
innata, lo cual requiere determinación y esfuerzo.
Romanos 2:15 dice: Son los mismísimos que demuestran que
la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos
y, entre sus propios pensamientos, están siendo acusados o hasta excusados. No cabe duda que nuestra
conciencia puede, en función de nuestro comportamiento; hacer que nos sintamos
incómodos.
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