Buenos días
amigo, y nunca mejor dicho; que cierto es el dicho popular “no somos nada”,
ésta madrugada entre las 4 y las 6, un defecto en el equipo que conecta el
suero con mi catéter se estropeó en una de las conexiones, ocasionando que
refluyera la vía y la perdida de sangre por la conexión defectuosa. Laura la
enfermera entro a las 4 de la madrugada y no observó ninguna anomalía, pero al
entrar a las 6 de la mañana se encontró con un charco de sangre en el suelo y
me despertó sin alarmarme para poner remedio al desaguisado ocurrido. Gracias
al buen hacer y la profesionalidad de Laura así como del resto de sus
compañeros se ha podido evitar una catástrofe, al menos para mí, pues me podía
haber desangrado de la manera más tonta inimaginable. Llevo a día de hoy 57
días ingresado y se me está haciendo muy difícil el día a día, semanas atrás
alardeaba de faltarme tiempo para hacer cosas y ahora con las mismas cosas por
hacer y ocuparme, no tengo ganas de nada, y aunque me pongo en ello me cuesta
mucho esfuerzo. Recibí un correo de un amigo en el que me adjuntaba una larga
lista de preguntas, que más que buscar una respuesta, reflejan un desconcierto
e incomprensión ante el comportamiento humano. Yo me estoy entreteniendo en
buscar información para responderlas a manera de reflexión, y las voy a
compartir contigo querido amigo. Ésta es la primera:
¿POR QUÉ VIVIMOS?
El relato bíblico de la creación del hombre dice:
“Dios pasó a decir: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra
semejanza’”. Génesis 1:26. Por consiguiente, el ser humano fue hecho con la
capacidad de ser como Dios, de poseer las sobresalientes cualidades que Él
tiene, como sabiduría, poder, justicia y amor.
¿Resulta extraño, entonces, que haya personas que encuentren
satisfaciente el ampliar sus conocimientos o el participar en actividades que
supongan un incentivo para sus facultades mentales y físicas? ¿Y acaso
sorprende que a otras muchas les proporcione un propósito satisfaciente en la
vida el ayudar a su prójimo? En absoluto, pues esto es, en parte, para lo que
se nos creó.
El registro bíblico continúa
diciendo que al ser humano se le concedió la supervisión de todas las otras
formas de vida de la Tierra :
“Los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y [...] todo
animal moviente que se mueve sobre la tierra”. Génesis 1:26. No es
extraño, por tanto, que incluso hoy día haya muchas personas que encuentren
satisfacción en tener animales cerca y jugar con ellos. Hay quienes sienten tal
responsabilidad hacia los animales, que trabajan mucho en pro de la
conservación de especies en peligro de extinción o luchan para que no se
les someta a sufrimientos innecesarios.
Al hombre también se le ordenó
‘sojuzgar la Tierra ’,
Génesis 1:28. ¿Qué implicaba ese mandato? Desde luego, no quería decir que
debiera explotar de manera egoísta e irresponsable la Tierra hasta que sus
riquezas se agotasen, su atmósfera se contaminase y su suelo y sus mares
terminasen repletos de basura. Al contrario, Dios fijó el modelo para sojuzgar la Tierra cuando “plantó un
jardín en Edén, hacia el este, y allí puso al hombre que había formado”,
Génesis 2:8. Este jardín fue la muestra de lo que llegaría a ser la Tierra y reflejaba el
propósito de Dios para nuestro planeta.
El relato bíblico explica:
“Además, bendijo Dios [al primer hombre y a la primera mujer] y les dijo Dios:
‘Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla’”, Génesis
1:28. Dios quería que tuviesen hijos y poblasen la Tierra ; los unió, y puede
decirse que aquella fue la primera boda que se ha celebrado en la historia.
Génesis 2:22-24. ¡No es de extrañar que el matrimonio y la familia añadan
significado y propósito a la vida de tantas personas!
Nosotros, como descendientes de
Adán y Eva, estamos aquí para poblar la Tierra , para cuidarla y cultivarla, y para
ejercer mayordomía amorosa sobre sus plantas y animales. Dios nos ha equipado
para hacer esto al habernos hecho a su semejanza... nos ha dotado de ciertos
atributos suyos, tales como el amor, la sabiduría, el poder, la justicia y un
deseo de efectuar trabajo con propósito y tener sentido de logro. El estar así
en la semejanza de Dios nos separa de todos los animales y nos hace pensar en
las preguntas fundamentales que nunca se le ocurren a ninguna otra criatura
terrestre.
¿Por qué vivimos? ¿por qué
estamos aquí? Porque tenía un propósito para el hombre, porque formamos parte
de una maquinaría en la que nosotros somos la pieza
principal, “el sistema operativo” que hace posible qué, lo
que Dios ha delegado en nosotros, su creación; funcione bien o no, según
obremos. Bien dice el Salmo 115:16 “En cuanto a los cielos, a Jehová pertenecen
los cielos, pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres”.
Por eso, la vida se vuelve vacía
y sin sentido cuando nos concentramos egoístamente en nuestros intereses.
Si queremos disfrutar de paz interior y sentido de logro en la vida,
tenemos que aprender qué espera Dios del ser humano y actuar en armonía con su
voluntad. Solo así hallaremos la razón de nuestra existencia. Salmo 40:8 dice
así: “En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado, y tu ley está dentro
de mis entrañas”
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