miércoles, 13 de junio de 2012

Martes 12 de Junio de 2012


            Buenos días amigo, y nunca mejor dicho; que cierto es el dicho popular “no somos nada”, ésta madrugada entre las 4 y las 6, un defecto en el equipo que conecta el suero con mi catéter se estropeó en una de las conexiones, ocasionando que refluyera la vía y la perdida de sangre por la conexión defectuosa. Laura la enfermera entro a las 4 de la madrugada y no observó ninguna anomalía, pero al entrar a las 6 de la mañana se encontró con un charco de sangre en el suelo y me despertó sin alarmarme para poner remedio al desaguisado ocurrido. Gracias al buen hacer y la profesionalidad de Laura así como del resto de sus compañeros se ha podido evitar una catástrofe, al menos para mí, pues me podía haber desangrado de la manera más tonta inimaginable. Llevo a día de hoy 57 días ingresado y se me está haciendo muy difícil el día a día, semanas atrás alardeaba de faltarme tiempo para hacer cosas y ahora con las mismas cosas por hacer y ocuparme, no tengo ganas de nada, y aunque me pongo en ello me cuesta mucho esfuerzo. Recibí un correo de un amigo en el que me adjuntaba una larga lista de preguntas, que más que buscar una respuesta, reflejan un desconcierto e incomprensión ante el comportamiento humano. Yo me estoy entreteniendo en buscar información para responderlas a manera de reflexión, y las voy a compartir contigo querido amigo. Ésta es la primera:

¿POR QUÉ VIVIMOS?

            la Biblia ha revelado que estamos aquí por una razón, que nuestra existencia no es consecuencia de ningún accidente cósmico. Existimos por la voluntad de Dios. En otras palabras, porque Jehová así lo ha querido, en Revelación o Apocalipsis 4:11 dice así: “Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas”. El Creador invirtió muchos años en preparar la Tierra para la aparición del hombre. No dejó nada al azar, sino que se aseguró de que todo fuera “muy bueno” , como señala Génesis 1:31: “Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire! era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto”; y también Isaías 45:18 donde dice: “Porque esto es lo que ha dicho Jehová el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creo sencillamente para nada, que la formó para ser habitada: Yo soy Jehová, y no hay ningún otro”
El relato bíblico de la creación del hombre dice: “Dios pasó a decir: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza’”. Génesis 1:26. Por consiguiente, el ser humano fue hecho con la capacidad de ser como Dios, de poseer las sobresalientes cualidades que Él tiene, como sabiduría, poder, justicia y amor.
¿Resulta extraño, entonces, que haya personas que encuentren satisfaciente el ampliar sus conocimientos o el participar en actividades que supongan un incentivo para sus facultades mentales y físicas? ¿Y acaso sorprende que a otras muchas les proporcione un propósito satisfaciente en la vida el ayudar a su prójimo? En absoluto, pues esto es, en parte, para lo que se nos creó.
El registro bíblico continúa diciendo que al ser humano se le concedió la supervisión de todas las otras formas de vida de la Tierra: “Los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y [...] todo animal moviente que se mueve sobre la tierra”. Génesis 1:26. No es extraño, por tanto, que incluso hoy día haya muchas personas que encuentren satisfacción en tener animales cerca y jugar con ellos. Hay quienes sienten tal responsabilidad hacia los animales, que trabajan mucho en pro de la conservación de especies en peligro de extinción o luchan para que no se les someta a sufrimientos innecesarios.
Al hombre también se le ordenó ‘sojuzgar la Tierra’, Génesis 1:28. ¿Qué implicaba ese mandato? Desde luego, no quería decir que debiera explotar de manera egoísta e irresponsable la Tierra hasta que sus riquezas se agotasen, su atmósfera se contaminase y su suelo y sus mares terminasen repletos de basura. Al contrario, Dios fijó el modelo para sojuzgar la Tierra cuando “plantó un jardín en Edén, hacia el este, y allí puso al hombre que había formado”, Génesis 2:8. Este jardín fue la muestra de lo que llegaría a ser la Tierra y reflejaba el propósito de Dios para nuestro planeta.
El relato bíblico explica: “Además, bendijo Dios [al primer hombre y a la primera mujer] y les dijo Dios: ‘Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla’”, Génesis 1:28. Dios quería que tuviesen hijos y poblasen la Tierra; los unió, y puede decirse que aquella fue la primera boda que se ha celebrado en la historia. Génesis 2:22-24. ¡No es de extrañar que el matrimonio y la familia añadan significado y propósito a la vida de tantas personas!
Nosotros, como descendientes de Adán y Eva, estamos aquí para poblar la Tierra, para cuidarla y cultivarla, y para ejercer mayordomía amorosa sobre sus plantas y animales. Dios nos ha equipado para hacer esto al habernos hecho a su semejanza... nos ha dotado de ciertos atributos suyos, tales como el amor, la sabiduría, el poder, la justicia y un deseo de efectuar trabajo con propósito y tener sentido de logro. El estar así en la semejanza de Dios nos separa de todos los animales y nos hace pensar en las preguntas fundamentales que nunca se le ocurren a ninguna otra criatura terrestre.
¿Por qué vivimos? ¿por qué estamos aquí? Porque tenía un propósito para el hombre, porque formamos parte de una maquinaría en la que nosotros somos la pieza
principal, “el sistema operativo” que hace posible qué, lo que Dios ha delegado en nosotros, su creación; funcione bien o no, según obremos. Bien dice el Salmo 115:16 “En cuanto a los cielos, a Jehová pertenecen los cielos, pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres”.
Por eso, la vida se vuelve vacía y sin sentido cuando nos concentramos egoístamente en nuestros intereses. Si queremos disfrutar de paz interior y sentido de logro en la vida, tenemos que aprender qué espera Dios del ser humano y actuar en armonía con su voluntad. Solo así hallaremos la razón de nuestra existencia. Salmo 40:8 dice así: “En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado, y tu ley está dentro de mis entrañas”




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