7:00 h. Yo: ¡Buenos días tesoro!
Fran: ¡Buenos días ñañeñiñoñañaña! O algo así, lo he
sobresaltado no se esperaba que estuviese despierto el muy mam…, el tío entra
todos los días a las 7:00 h. sin importarle si estoy en el mejor sueño, cual
entra un elefante, gordo muy gordo y grande en una cacharreria. ¡A este le
enseño yo a base de sobresaltos! Mañana cuando entre me voy a incorporar a lo
bestia en ángulo recto en la cama como la niña del exorcista, con los brazos
extendidos hacia él y con un terrorífico ¡Bu! Que… cagoen… le voy a dar el
susto de su vida.
8:00 h. Yo,
tumbado en la cama: Socorro… cosorro… rosoco.
Nadie responde,… otra vez. Yo: Socorro…
Tere: Que viene el lobo
Yo: Cosorro.
Tere: Que viene el lobo.
¡Que maja es leches! Yo: ¡Hombre guapísima! Buenos días… ¡quiero
comer!... aunque sea antibióticos.
Bueno, hoy
me he levantado con ganas de jugar, estoy juguetón y además me han dado media
ración de pienso, así que estoy contento. Buenos días y a esperar hasta las
16:00 h, porque hoy si; me ablacionan. Arriquitaum.
10:32 h. Me
voy a leer un rato de “los Guardianes del libro”, está cada vez más
interesante, ahora la escritora nos transporta al año 1940 en un relato
paralelo cargado de acción y emoción, que tiene que tener alguna conexión con
el relato principal que se desarrolla en el año 1996. Ea, te dejo un rato
mientras llegan los diarios de hoy. Aluego masssss.
10:50 h.
Han venido a visitarme las doctoras Mar, Izquierdo y Carmen y después el doctor
Sierra jefe supremo del servicio de hematología junto a dos doctoras de las que
desconozco el nombre, se ha interesado por como va la infección en el oído y
cuando le he manifestado que me preocupaba más ésta que la leucemia, me ha
transmitido su convencimiento de que también curaremos la dichosa infección. Lo
estoy deseando. 13:30 h. Acaban de marchar Narciso Hernández y David San Juan que
han venido a verme y a darme estímulo aunque ha sido recíproco pues mi buen
estado de ánimo causa ese efecto en quien se interesa por mi. También me ha llamado Carlos Arrabal que se
muestra muy afectuoso conmigo y he recibido tres correos, dos de las
incondicionales mi esposa Sara y mi/nuestra amiga Isabel y el tercero de
mi/nuestro amigo Jesé, que me anima a hacer fuego el muy jasatanpppuufffrrruff,
¡Impacienteee! Ya haremos fuegos en el bosque, en una noche fría, observados
por las estrellas y al amparo de los ruidos penetrantes, sinuosos, inquietantes
del bosque y te cantaré una canción que hice que dice al respecto “observaras
todas las noches, que ellas salen a pasear, y con su luz dulce y brillante te
ayudaran a meditar, que en este mundo extravagante donde lo líder es maldad;
todavía es posible ver estrellas pasear” ¿te gusta Jesé; te gusta? Pues el estribillo
mola mássssss. La
Vanguardia de hoy tristemente no contiene ninguna buena
noticia; son las 14:05 h., tengo mas hambre que un congreso de glotones y estoy
ansioso por que llegue Sara y” la hora de la estocá”.
21:04 h. A
las 15:05 h., me bajaron al quirófano para hacerme la ablación, lo primero que
hicieron fue ponerme en pelota picada; fuera pantalones y calzoncillos, y con
el culo al aire desde donde me habían aparcado hasta el quirófano. En el quirófano, ¡otra vez!; que te quitamos esto, ¡venga! ahora
con la chorra al aire, estirado sobre la camilla y con la panza arriba, vamos
para una foto de Interviu; ¡Que afición! Si con apartar un poquito el
calzoncillo ya bastaba, pues nada a tomar por saco ¡to al aire!, en fin, espero
superar este trauma con un buen bocata de jamón. Por cierto cuando he llegado a
la habitación he conseguido que Sara me trajera el bocata de jamón ¡Que rico
estaba! Ya estoy mejor.
El capítulo
39 “Heroísmo cotidiano” del libro “Aprendiz de sabio” de Bernabé Tierno, comienza
con la cita de Robert Brauli: “Disfruta de las pequeñas cosas, porque tal vez
un día vuelvas la vista atrás y te des cuenta; de que eran las grandes cosas”.
El
comentario dice en parte así: Lo verdaderamente grande es lo pequeño, lo
normal, lo cotidiano, realizado con amor en el tedioso día a día de la
existencia. La mayoría de los mortales pasa por este mundo buscando ser más;
más rico, más poderoso, más querido, más admirado, y en ese intento de ser y
tener más que sus semejantes, pierde la perspectiva, si percatarse de que la
búsqueda de la grandeza no es sino la prueba más evidente de sus complejos y de
su pequeñez de espíritu.
Por el
contrario, centrar la atención en hacer lo prosaico y normal: disfrutar
compartiendo con los amigos una sabrosa comida, visitar a un compañero de
trabajo que está enfermo, hacer la cama
o pasar la aspiradora de buen grado porque en el hogar no se trata de ayudar,
sino de compartir… no escurrir el hombro y estar siempre disponible y con buen
talante y ganas de ser útil, eso, precisamente eso, es lo grande, lo heroico,
lo maravilloso en cualquier hombre y mujer.
Cualquiera
que pretenda una mayor grandeza de espíritu más debe crecer en humildad y en
reconocer que es humano, limitado y pequeño. Las grandes almas crecen entre
espinas, son tan pequeñas como una rosa, pero florecen, no importa el estiércol
que vomiten sobre ellos los cobardes, los trepas, los envidiosos y los inútiles
de este mundo.
Buenas
noches querido amigo.
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