6:45 h.
Acabo de asomarme al escaparate de lo cotidiano, os recuerdo, en la sala de
estar de la planta C3 del hospital Santa Creu y Sant Pau de Barcelona. La torre
Agbar sigue en su sitio y el horizonte parece más alto que días atrás pues una
impresionante franja de nubes tapa la línea del horizonte confundiéndose con el
mar. El cielo más inmediato también está encapotado, parece que quiere llover,
hoy no saldrá el sol.
Anoche me
acosté a las 24:20 h. y me he despertado a las 4:25 h. todo un record 4:05 h.
de un tirón, e intentado volver a dormirme pero me ha sido imposible, mi cabeza
inquieta no paraba de darle vueltas a la conversación que sostuve con Joan, el
enfermero que nos atiende estas noches; y es que, aunque intento estar alegre y
positivo, reír y hacer reír, ser amable y cariñoso con mi compañero de
habitación (lo arropo cuando tiene frío, le pongo las zapatillas, le cambio el
canal de la tele, solo me falta darle un besito de buenas noches y cantarle una
nana), ser paciente y amable con las enfermeras; no puedo evitar en ciertos
momentos volver a la cruda realidad; sobre todo cuando veo en el espejo mi
rostro desfigurado y los moratones en mi vientre por las inyecciones de
Heparina, 4 al día que ahora, ya no sé si por saturación o que suerte de cosa
se están manifestando en bultos que me llenan todo el vientre; de manera que ya
casi no queda sitio donde pinchar. La conversación con Joan sirvió, para
desahogarme y tranquilizarme, estaba determinado a rechazar más pinchazos de
Heparina hasta que alguien no me diga que me está pasando y qué se puede hacer,
porque esto no es normal, al menos en mi opinión. Me di cuenta de que Joan
estaba bien informado sobre mi caso y sobre acontecimientos próximos respecto a
mí y me orientó, cosa que me llevó a la cama más tranquilo, pero que sigue
runruneando en mi cabecita. Estoy bien, pero necesitaba contártelo querido
diario.
8:25 h.
Todavía no me han administrado el antibiótico de las 8:00, ¡manda huevos!, me
repatea tener que estar pendiente de éstas cosas, si no lo reclamo y me pongo
pesado ¿a qué hora me lo habrían administrado?, ya e interpuesto una queja ante
el hospital por esto y se ha tenido que disculpar Laura la supervisora de
planta, pero no hay manera; ¡que tenga que estar el paciente pendiente de la
correcta administración de sus medicinas!, no es normal por eso no estoy a
gusto en ésta planta; ojala me trasladen a la D 1 el lunes.
21:19 h.
Hace un rato ya que se marcharon Sara y Eunice, hoy no e tenido una buena
tarde, e estado rudo; lo siento. Sin embargo… en el patio de la planta 2ª hay 6
macetones grandes con un árbol en cada uno de ellos y seis recipientes en forma
de vaso que sobrepasan la cintura de un hombre de 1’75 m. y con un diámetro de 75 cm ., en los que hay plantados
unos rosales. En el extremo izquierdo al fondo del patio hay una rosa roja
preciosa con un aroma exquisito a la que he hecho fotos, una de ellas con Sara
al fondo y que todavía ningún energúmeno ha cortado, supongo porque está retirada
al fondo y pasa desapercibida. Es un placer verla y olerla, cada vez que paso a
su lado me detengo a saborear su aroma; ojala la dejen en paz para el deleite
de todos los que deambulamos por el patio cual presos en el recreo de la
cárcel.
Hoy voy a
compartir contigo, querido diario, la lección-reflexión nº 3 Serenidad interior
ante lo irremediable; sacada del libro “Aprendiz de sabio” de Bernabé Tierno y
que e vuelto a releer, tratando de discernir lo que me ha ocurrido ésta tarde.
Como siempre comienza con una cita, que en éste caso es un Proverbio Oriental
que dice así: Si tiene remedio ¿por qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿por
qué te quejas?
Entre otras cosas comenta lo
siguiente: Admite con beneplácito y
serenidad que la vida no es justa, ni
las cosas suceden siempre a nuestro gusto, ni
las personas son perfectas… y siente paz interior por que así sea. Deja que
la paciencia infinita del tiempo trabaje a tu favor y espera el milagro, a
pesar de todo.
Aceptar lo que ya es y no puede dejar de
ser es señal de sabiduría. La misma sabiduría que pone todos los medios a
su alcance por mejorar y remediar lo que todavía tiene remedio.
En el lado opuesto de la sabiduría se
encuentra la estulticia (necedad,
ignorancia, tontería) de quien pierde el
tiempo en lamentos o no aprovecha la última oportunidad que se le presenta
para resolver un problema.
Claro que la vida no es justa y no suceden las
cosas según nuestros deseos y expectativas. Precisamente por eso lo inteligente
es hacer lo que está en nuestras manos y aprovechar todas las oportunidades,
pero ante lo inevitable se impone la
serena aceptación de los hechos y esperar que la infinita paciencia y
sabiduría del tiempo trabaje a nuestro favor.
No está en
nuestras manos cambiar las cosas ni las circunstancias; pero en cualquier caso,
nadie nos impedirá que nosotros
cambiemos de actitud y todo lo amoldemos a nuestra forma de ser y de pensar
y a nuestras particulares circunstancias.
Buenas
noches.
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