Recuerdo bien, y creo sucedió durante la fiesta de toros del
príncipe de Gales o en alguna posterior, que uno de los animales, por su
bravura, no podía ser desjarretado ni reducido; y nadie, ni siquiera las
guardias española, borgoñona y tudesca que guarnecían el recinto, osaba
acercarse a él. Entonces, desde el balcón de la casa de la Panadería, nuestro rey
don Felipe, con tranquilo continente, pidió un arcabuz a uno de los guardias, y
sin perder la mesura real ni alterar el semblante con ademanes, lo tomó galán,
bajó a la plaza, compuso la capa con brío, requirió el sombrero con despejo, e
hizo la puntería de modo que encarar el arma, salir el disparo y morir el toro
fue todo uno. El entusiasmo del público se desbordó en aplausos y vítores, y se
habló de aquello durante meses, tanto en prosa como en verso…,…Para que vean
vuestras mercedes lo que son las cosas, y
lo que somos España y los españoles,
y cómo aquí se abusó siempre de nuestras
buenas gentes, y lo fácil que es ganarlas por impulso generoso,
empujándolas al abismo por maldad o por
incompetencia, cuando siempre merecimos mejor suerte. Si Felipe IV se
hubiera puesto al frente de los viejos y gloriosos tercios y hubiera recobrado Holanda, vencido a Luis XIII de Francia y a su ministro Richelieu, limpiado el Atlántico de piratas y el
mediterráneo de turcos, invadido Inglaterra,
izado la cruz de San Andrés en la Torre de Londres y en la Sublime Puerta, no habría despertado tanto entusiasmo en sus
súbditos como el hecho de matar un toro con personal donaire… ¡Cuán
distinto de aquel otro Felipe Cuarto que yo mismo habría de escoltar treinta
años después, viudo y con hijos muertos o enclenques y degenerados, en lenta
comitiva a través de una España desierta, desvastada por las guerras, el hambre
y la miseria, tibiamente vitoreado por unos pocos infelices campesinos que aún
quedaban para acercarse al borde del camino! Enlutado, envejecido, cabizbajo,
rumbo a la frontera del Bidasoa para consumar la humillación de entregar a su
hija en matrimonio a un rey francés, y firmar así el acta de defunción de
aquella infeliz España a la que había
llevado al desastre, gastado el oro y la plata de América en festejos vanos, en
enriquecer a funcionarios, clérigos, nobles validos corruptos, y en llenar con
tumbas de hombres valientes los campos de batalla de media Europa. Páginas 171 a 173 del libro “El
Capitán Alatriste” de Arturo y Carlota Pérez Reverte. 11:40 h. Buenos días
querido amigo, te ilustro con este pequeño fragmento para que compruebes la
certeza de mis afirmaciones hechas ayer en tus páginas sobre la condición del
carácter español y de sus malos gobernantes, tristemente no ha cambiado nada en
el tiempo, así éramos y así seguimos siendo.
Hace un
precioso día de verano, soleado, de ese sol de España que conforta, vivifica y
esperanza el alma, que te empuja las ganas de vivir, además he dormido muy muy
bien y me he levantado muy animado, ya veremos lo que dura. Han venido los
doctores y les he consultado la duda que me dejó la doctora Brunet; yo pensaba
que la quimioterapia de consolidación era la definitiva y última de salir los
resultados de la analítica favorables, pero me han dicho que no, que aunque
salgan favorables me someterán a una tercera quimioterapia para asegurar
definitivamente la “curación” de la leucemia. Eso no cambia que en función de
lo que determinen los otorrinos pueda ser dado de alta por dos o tres semanas y
disfrutar de mi hogar con mi familia o a
las malas ser trasladado a Sabadell más cerca de mi hogar y poder pasar algunas
horas en casa entre toma y toma de antibiótico.
12:58 h.
Acaba de venir Carmen la dietista, le he dicho en broma que estaba enfadado con
ella porque había visto ayer en el menú de mi compañero carne rebozada y me
había dicho éste que también llegaban croquetas y empanadillas
¡Uaaagggssiffftt! Entonces me ha dicho que es por la dieta condicionada a la
diabetes que es más estricta y baja en grasas, pero resulta que yo llevo muy
bien controlada mi glucemia de modo que le he pedido que hable con los médicos
para que me cambien el tipo de menús que parece
mucho más amplio y sabroso. Ha vuelto Carmen y me ha dicho que los
médicos consienten así que ¡permiso concedido! a partir de ahora el asunto del
yantar mejorará notablemente. 17:57 h., acaba de terminar la reposición de El
Hombre y la Tierra
de Félix Rodríguez de la Fuente
nuestro insigne ya fallecido naturalista que nos acercó magistralmente a la
naturaleza principalmente presente en nuestro país, ahora están dando un documental
del conflicto de las Malvinas que enfrentó a los Ingleses con los Argentinos. A
estas alturas del día empieza a someterme el aburrimiento a pesar de la
compañía de mi preciosa esposa que se deshace en atenciones para sacarme del
desaliento que me embarga; lo siento, no tiene nada que ver con ella ni con
nadie, es una cuestión de espacio tiempo que está durando demasiado. Mi nuevo
compañero José María me razonaba que era cuestión a tenor de lo que te he
mencionado de dos meses más, suficiente tiempo para incluso haber curado la
infección del oído y zanjar definitivamente ésta pesadilla, la verdad que tiene
sentido; ojala sea así. Las horas de las comidas son como metas superadas, cada
meta alcanzada acorta el día hasta que por fin llega la noche y te vence el
sueño; si con suerte duermes bien supone un alivio pasan un montón de horas en
un visto y no visto y por fin un día más ¡Que triste! ¿verdad?. Son las 18:54
h., falta poco para que traigan la cena. 21:01 h., ya he cenado, no ha estado
mal, mi compañero está entretenido viendo futbol y yo voy a matar el tiempo
leyendo un poco, mañana iré a la consulta de los otorrinos y tengo la esperanza
de que los hematólogos me den el resultado provisional del aspirado de médula
ósea, y a partir de hay configuraremos los días próximos, le tengo pánico a los
fines de semana. Buenas noches querido amigo.
¿POR QUÉ NO
SOPORTAMOS AL VECINO?
No dejes a tu propio
compañero ni al compañero de tu padre, y no entres en la casa de tu propio
hermano en el día de tu desastre. Mejor
es un vecino que está cerca que un hermano que está lejos Proverbios 27:10.
Una señora de Toronto, Canadá, hizo su lavado de ropa semanal, tendió la ropa
en la cuerda para secar y salió de compras. Mientras estaba ausente, la ropa
cayó al suelo. Al ver esto, la vecina le recogió la ropa de la tierra, volvió a
lavársela toda y la colgó de nuevo para que se secara.
¿Tenemos tan buenos
vecinos como esa señora? Es lamentable, pero parece que vecinos así son difíciles de conseguir hoy día. Lo
que es más común son noticias como ésta, que también proviene de Toronto,
acerca de una señora de edad avanzada cuyo brazo quedó atrapado en una estufa
caliente. Clamó por ayuda, pero sus
vecinos no hicieron caso de sus gritos, y pasaron dos días antes que se le
rescatara. Se le tuvo que amputar el
brazo.
El vivir en una
comunidad donde los vecinos manifiestan interés en el bienestar de otros añade
seguridad a la vida y hace que ésta sea más placentera. Los buenos vecinos nos
preparan comidas cuando estamos enfermos, traen nuestros hijos a casa cuando
éstos se alejan demasiado de ella, nos ayudan a pasar crisis mayores y menores,
nos consiguen unos cuantos artículos cuando hacen sus propias compras, vigilan
nuestra casa si hemos salido y en general hacen más agradable la vida cuando
dicen “Buenos días” cada mañana. Y, por supuesto, nosotros les correspondemos.
En tiempos pasados el tener vecinos de esa clase era
la regla no la excepción. Hoy
mismo todavía se pueden hallar tales vecinos en las secciones rurales y en los
pueblecitos. Pero en las ciudades más grandes y en los suburbios de residentes
acaudalados es raro que uno halle
vecinos que se interesan unos por otros; y puesto que hoy día el grueso de
la gente vive en ciudades o en sus suburbios, muchas personas nunca han tenido
la experiencia de vivir en un vecindario donde los residentes se interesen los
unos por los otros. Cierto sicólogo dijo: “Bueno, sé que al vivir en un
apartamento de Toronto, uno pudiera morir y yacer ahí por meses antes que
alguien se diera cuenta. No solía ser así.” Lo mismo es cierto en la mayoría de
las ciudades grandes. Al otro lado del mundo un joven soltero murió en un apartamento de una ciudad grande. ¡No se
descubrió su cadáver por año y medio!
El sicólogo dijo que
no siempre fue así. ¿A qué se debe el cambio? Los investigadores mencionan
varias razones, la mayoría de las cuales tiene que ver con la forma de vida que llevamos hoy día.
La mudanza es una de las razones. Muchas
personas cambian de dirección
frecuentemente. Por eso, no viven suficiente tiempo en un lugar como para
llegar a conocer a sus vecinos y desarrollar un espíritu de urbanidad.
Los pueblos desiertos es otra de las
causas que se dice que contribuye al problema. Esto se refiere a vecindarios donde toda la familia está
trabajando o en la escuela durante el día. Al caer la noche, vuelven a
salir o se quedan sentados en silencio alrededor del televisor. En un hogar de
esta clase, los miembros de la familia
suelen ser extraños no solo para con
los vecinos, sino los unos para con los otros.
A la arquitectura y al urbanismo se le
echa también parte de la culpa. Se diseñan los apartamentos en edificios de
muchos pisos para que sean unidades independientes. Las familias que viven en
estos apartamentos tienen poco contacto
personal con sus vecinos.
El prestigio de la vida privada
también recibe culpa. En algunas
regiones se estima mucho la soledad. “No se puede
sencillamente ir y llamar a la puerta de un amigo y visitar,” dijo un residente
de los suburbios. A una señora vino
a visitarla inesperadamente una vecina viuda que se quejó de sentirse sola. La
señora la despidió fríamente, le molestó
el que alguien invadiera su intimidad. Esa noche la vecina viuda que se había
sentido sola se suicidó.
El delito es otro factor que se mencionó. El
temor al delito ha convertido a
algunos vecindarios en prisiones
nocturnas, donde las familias temerosamente cierran la puerta con llave
cuando se pone el sol, y pocas personas se atreven a salir.
No cabe duda de que
todas estas cosas han contribuido a la
mengua del sentimiento de buen vecino. Pero tiene que haber motivos más
profundos que expliquen algunas de las cosas que suceden. En un sector
residencial un hombre le siguió los pasos a una joven por media hora. La atacó
tres veces y por fin la mató a puñaladas. Treinta
y ocho vecinos la oyeron gritar o presenciaron el ataque, pero pasaron por alto
todo el asunto. Solo un vecino llamó a la policía... demasiado tarde. El
que se muestre esa clase de indiferencia
fría a los vecinos no es raro.
Tal inhumanidad
revela defectos graves en las personalidades de las personas implicadas.
Recuerda al estudiante de la
Biblia la siguiente profecía escrita por el apóstol Pablo
tocante a nuestro día: “Los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del
dinero, ... sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, ... sin
gobierno de sí mismos, ... sin amor de la bondad, ... amadores de placeres más
bien que amadores de Dios.”—2 Timoteo 3:2-4.
El cumplimiento de
esas palabras significa que estamos viviendo en tiempos muy críticos, y las
actitudes descritas bien pueden reflejarse en el vecindario donde vivimos No
obstante, no hay motivo para que nosotros individualmente no nos portemos como
buenos vecinos para con la gente que nos rodea. Puede que tal comportamiento de
parte nuestra provoque una respuesta cordial. ¿Cuál es la manera prudente de
ser buen vecino hoy día?
Se puede ser buen vecino
Cuando personas de
más edad hablan acerca de cómo era la vida “en los buenos tiempos de antaño,”
¿en qué cree usted que están pensando? En términos de prosperidad material,
comodidades y dispositivos útiles o servicios médicos aquellos tiempos no
fueron tan “buenos” para la mayoría de la gente. No había televisión, había
pocos automóviles, teléfonos y otras cosas sin las cuales a muchos hoy día se
les haría difícil vivir. Entonces, ¿qué había en aquellos tiempos para que se
les considere tan buenos? Sin duda las personas que dicen eso están pensando en
el espíritu de buen vecino que existía
entonces.
Aunque había poca
seguridad financiera, las personas se
ayudaban unas a otras. De acuerdo con lo que relatan muchas personas de
edad avanzada, por más pobre que fuera un hombre, siempre tenía un poco para
prestar a su vecino. Si alguien se hallaba gravemente enfermo, los vecinos ayudaban
en cosas prácticas como el preparar
comidas o cuidar de los hijos. Si un
hombre tenía una tarea grande que
efectuar en la casa, los vecinos a menudo echaban
una mano para terminarla.
Sin embargo, a medida
que las autoridades hacen cada vez más cosas para la gente, las personas
necesitan menos unas de otras. No obstante, todavía tenemos que vivir con nuestros vecinos. Hace mucho la Biblia advirtió que “el que
se aísla buscará su propio anhelo egoísta.” Proverbios 18:1 La persona que rehúsa tratar con otros por fin se vuelve desequilibrada, aun excéntrica.
Es cierto que por lo
general no escogemos a nuestros vecinos, y ellos no nos escogen a nosotros. Y
“las malas asociaciones” sí “echan a perder los hábitos útiles.”
1 Corintios 15:33 Pero será provechoso, tanto para ellos como para
nosotros, el que aprendamos a vivir con nuestros vecinos de modo sabio. ¿Qué
implica el ser buen vecino?
Hay ciertas cosas que el buen vecino no hará.
Esto se debe a que él es considerado. Por ejemplo, no usará su equipo estereofónico o su televisor con un volumen tan alto que esté
entreteniendo a todo el vecindario. Mantendrá su casa y las cercanías bien
ordenadas y limpias para no afear la
apariencia del vecindario.
Hace mucho un hombre
sabio escribió: “Haz cosa rara tu pie en
la casa de tu semejante, para que no tenga lo suficiente de ti y
ciertamente te odie.” Proverbios 25:17 Sí, aunque se dé una buena acogida al
que visita de vez en cuando, los vecinos pueden cansarse rápidamente del que
viene de continuo.
Además, el apóstol
Pablo advirtió contra las personas que seguían “andorreando por las casas” y
que eran “chismosas y entremetidas en
asuntos ajenos.” 1 Timoteo 5:13 Si limitamos el tiempo que pasamos
charlando con los vecinos, evitaremos el
chismorreo y la propagación de noticias escandalosas. Además, la mayor
parte de la gente hoy día se queja de que no le alcanza el tiempo para hacer
todo lo que quisiera hacer. El pasar demasiado tiempo en relacionarse
socialmente pudiera significar que se esté sacrificando la oportunidad de hacer
algo más importante.
El buen vecino les
tiene respeto a los que lo rodean y trata con ellos de modo apacible.
Por eso, no hará grandes los problemas pequeños. En Ámsterdam, durante una
noche de verano, cierto padre se disgustó porque el ruido de la radio al otro
lado de la calle no dejaba dormir a sus niños. Su esposa le sugirió dulcemente
que fuera al vecino y le explicara el problema. Su vecino, después de oír el
problema explicado de modo razonable, tuvo gusto en cooperar. Apagó la radio, y
dijo: “¡Después de todo nunca escucho esas tonterías sobre la política!” Se
logró prevenir lo que pudo haber sido una situación mala porque se manejó con
apacibilidad, y como resultado los dos vecinos llegaron a ser buenos amigos.
Por último, necesitamos
discernimiento y equilibrio. Puede que algunos de nuestros
vecinos tengan hábitos malos. Tal vez fumen, usen lenguaje obsceno o lleven
vidas inmorales. En algunos lugares los adolescentes usan drogas y forman
pandillas. De modo que tenemos que equilibrar nuestro deseo de ser buenos
vecinos con el asegurarnos de que sus malos hábitos no se nos vayan a pegar a
nosotros ni a nuestros hijos. Sí, el ser buen vecino implica muchas cosas.