12:29 h. Buenos días querido diario, sentado ante ti,
aburrido y cansado hago un esfuerzo por plasmar en tus páginas cómo he pasado
estos días. Hoy me siento cansado como te he dicho, pues esta noche mi compañero
con el que comparto habitación desde mi último ingreso el pasado 14 de Julio,
ha pasado una mala noche. Ayer le notificaron del estado agonizante de su padre
de más de 90 años, noticia, que sumada a la preocupación por los 25 días de
fiebre ininterrumpida que padece y de la que no encuentran la causa que la
origina, debieron de causarle las molestias que han perturbado su descanso, y
por ende el mío. A la 1:30 h. estaba hablando con su esposa, luego que si tengo
fiebre y por último a las 3:30 h., harto de ver la luz encendida me incorporé,
para comprobar que se había dormido profundamente con la luz encendida -me cago
en todo- la apagué, pero ya no fui capaz de dormir pues me había desvelado por
completo, a pesar de que estoy tomando por tres días ya, pastillas para dormir.
Sí días atrás decidí que tomaría pastillas para dormir durante mi estancia en
el hospital tras una noche en vela, necesito descansar para estar de mejor
humor; es imprescindible descansar lo mejor posible, cambia mucho todo. Los días
15,17 y 19 tuve las sesiones de quimioterapia que me provocaron alguna fiebre,
otra infección en la piel y poco más. Mis defensas no acaban de bajar y me
encuentro muy bien, pero he pasado por estados anímicos muy dolorosos, he
llegado a desear la muerte o lo que es peor, serme indiferente seguir viviendo.
Ya conoces mis sentimientos, los he compartido contigo hasta la saciedad y
están plasmados en tus páginas desde que, el martes 1 de mayo de 2012 decidiera
compartir contigo mis impresiones durante el tiempo que dure esta enfermedad.
Te he explicado cómo empezó todo, a que cosas me he enfrentado, cómo me he
enfrentado a ellas, cómo me he sentido y cómo me siento, mis anhelos y
expectativas, mi angustia y desesperación y te he compartido, lejos de ningún
estúpido afán de protagonismo, más por la necesidad de pensar en otros,
pensando en mi, y de contarle a alguien como me siento aunque tenga la
apariencia de un folio. Puede que mi experiencia ayude a otros en mi misma
situación ya sea por igual o mayor tiempo, o acabados de llegar. Se me saltan
las lágrimas y se me anuda la garganta, tengo que seguir luchando si no por mi,
por mi esposa; mi incondicional, mi tesoro, mi vida. A veces cuando me siento
mal la hago llorar al decirle que no quiero que venga cada día a verme después
de su jornada laboral con un bocadillo por toda comida para sentarse a mi lado,
mientras languidezco en la cama deseando que llegue la noche lo más deprisa
posible. Otras veces, como el pasado martes; me paso la tarde cantándole acompañado
de mi guitarra o jugando al parchis y la oca en la sala de estar de la planta –por
cierto gané yo, aunque también es verdad que cuando llevo ventaja dejo de jugar
para que no me alcance y acabe ganándome ella, ¡que malo soy!-. Eso es lo que
me desconcierta, que me gustaría estar de buen ánimo siempre, sin estos
fatigosos altibajos. ¡En fin! irremediablemente hay que aceptar que esto forma
parte de la normalidad en este estado de cosas. Esta tarde ha sido deliciosa,
la he pasado junto a mi esposa, hemos tomado café, hemos charlado, hemos vuelto
a jugar al parchis y la oca y he vuelto a ganar (ya sabes, a mi manera) y
después nos hemos tomado un refresco ¡Ah! Y hemos soñado juntos en proyectos
futuros; sencillo pero delicioso. El padre de mi compañero ha fallecido, me ha
hecho partícipe de la noticia esta mañana su hermano Luis mientras el estaba en
una prueba, me ha pedido que no le diga nada pues no tiene conocimiento del
hecho todavía. Luego poco antes de la comida, mi compañero a dictado a su
hermano unas palabras de despedida para que el pastor las lea en el sepelio
cuando este se produzca, ignorante todavía de que su padre habría fallecido
esta madrugada. Son las 20:34 h., su familia está con el, creo que ya conoce la
situación pero no la ha compartido conmigo; si lo hace, lo acompañaré en el
sentimiento y le dedicaré estas palabras del Salmo 139:1 al 4 “Oh
Jehová, tú me has escudriñado completamente, y [me] conoces. 2 Tú
mismo has llegado a conocer mi sentarme y mi levantarme. Has considerado mi
pensamiento desde lejos. 3 Mi viajar y mi yacer
tendido has medido, y te has familiarizado hasta con todos mis caminos. 4 Pues
no hay una sola palabra en mi lengua, cuando, ¡mira!, oh Jehová, tú ya lo sabes
todo”, como encabezamiento a la dedicatoria que ha hecho del derrotero de vida
de su padre, y también le dedicaré como conclusión a dicha dedicatoria, las
reconfortadotas palabras de Job 14:14 y 15 “Si
un hombre físicamente capacitado muere, ¿puede volver a vivir? Todos los días
de mi trabajo obligatorio esperaré, hasta que llegue mi relevo.15 Tú
llamarás, y yo mismo te responderé. Por la obra de tus manos sentirás anhelo.
Espero que le guste, buenas noches querido amigo.
Alguien compartió conmigo una lista
de 57 preguntas que más que buscar respuesta suponían su desconcierto e
incomprensión ante el comportamiento humano, yo me he empeñado en encontrarles
respuesta; aquí va la séptima:
¿POR QUÉ NO NOS ACEPTAMOS COMO SOMOS?
¿POR QUÉ NO NOS ACEPTAMOS COMO SOMOS?
Un joven llamado Jason se expresó
así: “Soy mi peor crítico. Si cometo un error, los demás tal vez se rían y
después se olviden de ello, pero yo no, yo sigo dándole vueltas al asunto”.
Repasar nuestros errores no es necesariamente malo, en especial si nos
impulsa a mejorar. Sin embargo, una autocrítica constante y prolongada es dañina
y contraproducente. Proverbios 12:25 dice: “La solicitud ansiosa en el corazón
de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo regocija”.
A veces son los padres, maestros y demás personas los que nos imponen metas
ambiciosas. Y nos damos cuenta de que por más que nos esforcemos
no los complacemos. Para colmo, puede que expresen su decepción con
palabras que nos irriten o incluso nos derrumben. Una manera de reducir las
posibilidades de fracasar es ponernos metas sensatas y modestas. “¿Ha venido la
presunción? Entonces vendrá la deshonra; pero la sabiduría está con los
modestos. ”, afirma la Biblia
en Proverbios 11:2; y “El orgullo está antes de un ruidoso estrellarse; y un
espíritu altivo, antes del tropiezo” menciona Proverbios 16:18. La persona
modesta reconoce sus limitaciones. Cierto, a veces es bueno que nos planteemos
desafíos para mejorar nuestras habilidades y aptitudes. Pero seamos realistas,
puede que no seamos un genio en matemáticas ni tengamos la gracia o
la coordinación de una estrella del deporte. Un joven llamado Michael admite:
“Sé que no soy bueno en los deportes. Así que juego, pero no espero
milagros”. Y añade: “Tienes que ponerte metas que estén a tu alcance”.
Pensemos en la actitud de Yvonne, de 14 años, que tiene espina bífida y
parálisis cerebral. “No puedo caminar ni bailar ni correr como
los demás —cuenta—. Me frustra mucho no poder hacerlo, y la mayoría de la
gente no lo acaba de entender. Aun así, puedo manejar la situación.” ¿Cuál
es su consejo? “No pares. Continúa intentando. Si fallas o te sale mal,
no te des por vencido. Sigue haciendo lo mejor que puedas.” Al mismo
tiempo, no debemos
atormentarnos haciendo comparaciones
porque todos tenemos diferentes
habilidades y virtudes, Gálatas 6:4 dice: “Pero que cada uno pruebe lo que
su propia obra es, y entonces tendrá causa para alborozarse respecto de sí
mismo solo, y no en comparación con la otra persona”.
Una joven canadiense de
17 años anotó las razones que tenía para desear la muerte. Entre ellas
figuraban: ‘Me siento sola y me da miedo el futuro; me considero muy inferior a mis compañeros de trabajo; la guerra
nuclear; la capa de ozono; soy muy fea,
así que nunca me casaré, y me quedaré sola; no creo que haya mucho por lo
cual vivir, de modo que por qué esperar para encontrarlo; mi muerte aliviará a
todo el mundo; nunca más me harán daño’. Un informe procedente de Nueva Zelanda
ofrece ésta perspectiva del suicidio juvenil. Dice: “Los actuales valores materialistas y mundanos que equiparan el éxito
personal con la riqueza, la apariencia y el poder hacen que muchos jóvenes se sientan inútiles y marginados”. La
revista The Futurist también indica: “Los jóvenes tienen una
fuerte propensión a la gratificación inmediata: lo quieren todo y rápido. Sus
programas de televisión preferidos son las telenovelas, y quisieran que su
mundo estuviera lleno de las mismas personas atractivas que van vestidas a la
última moda, poseen mucho dinero y prestigio y no tienen que trabajar
mucho”. Parece que el albergar tantas expectativas irrealistas e irrealizables
produce una desesperación que en algunos casos lleva al suicidio.
Los jóvenes tienen, por lo
general, una necesidad imperiosa de sentirse amados y aceptados. Pero en este
mundo desamorado y destructivo, en el que su opinión cuenta poco o nada, cada
día es más difícil satisfacer esta necesidad. El rechazo de los padres debido a
la ruptura familiar y al divorcio puede ser un factor que contribuya al
suicidio de los adolescentes. Y tal rechazo presenta múltiples facetas. El
destacado periodista e investigador Hugh Mackay indica que “los padres son cada
vez más egoístas. Se ponen a sí mismos en primer lugar para mantener su modo de
vida. [...] Dicho con rudeza, los niños están pasados de moda. [...]
La vida es dura y la gente tiende a concentrarse en sus propios intereses”. La
atención deficiente al hijo equivale a
rechazarlo, lo cual puede hacer que este se cree una imagen negativa de sí mismo y no desarrolle las
aptitudes necesarias para vivir en sociedad. La revista The Education
Digest señala: “Sin una imagen positiva de sí mismos, los niños carecen
de base para tomar decisiones en su propio beneficio”.
Es
especialmente triste el maltrato emocional de los hijos, es decir, la crítica
constante y el menosprecio de sus habilidades, inteligencia o valía personal.
Ese abuso verbal puede cercenar la confianza del niño en sí mismo. Es cierto
que todos los niños necesitan disciplina. Pero la Biblia manda a los padres:
“No estén exasperando a sus hijos, para que ellos no se descorazonen”
Colosenses 3:21. Es lamentable el hecho de que algunos padres sí exasperan a
sus hijos al criticarlos constantemente, sin proporcionarles las expresiones de
encomio y afecto que tanto necesitan. La psicóloga Eleanor S. Field
explica: “La crítica por parte de los padres con frecuencia provoca un
sentimiento de inseguridad muy arraigado. [...] Y si cuando alcanzas la
adolescencia todavía recibes mensajes [negativos], esto solo reforzará tus
sentimientos de inseguridad”. Un niño criado en ese ambiente no asimilará
tan solo un modo de hablar, es posible que también se forme una opinión torcida de sí mismo y de
los demás. Por ejemplo, si se le habla con dureza, pudiera crecer sintiéndose
despreciable o convertirse en una persona iracunda. El que sus compañeros se
burlen de el constantemente o critiquen su apariencia o forma de actuar también
puede socavar la confianza en si mismo.
Sea cual sea la causa, los sentimientos de
inseguridad son tan solo parte del desarrollo y puede que nunca desaparezcan
por completo. Es posible que hasta personas adultas y equilibradas, a causa de
una preocupación desmedida por su apariencia, reputación o aptitudes, vean
también debilitada la confianza que tienen en sí mismas. Muchos jóvenes tratan
de disimular su falta de confianza en sí mismos mediante muestras de falsa
fanfarronería, atuendo extravagante o comportamiento rebelde, pero hay maneras
mucho mejores de hacer frente a la situación cuando te sientes inseguro.
*Evitemos comparaciones que no sean
equitativas: Como dijo en cierta ocasión Eleanor Roosevelt, esposa del
trigésimo segundo presidente de Estados Unidos: “Nadie puede hacerte sentir
inferior si tú no lo consientes”. ¿Acaso el hecho de que alguien sea más
guapo, tenga mejor ropa o sea más inteligente le hace mejor persona? Lo cierto
es que las apariencias externas no cuentan mucho para Dios. La Biblia dice: “Porque
no de la manera como el hombre ve es como Dios ve, porque el simple hombre
ve lo que aparece a los ojos; pero en cuanto a Jehová, él ve lo que es el
corazón” 1 Samuel 16:7.
*Interesémonos por otros: El
doctor Allan Fromme comentó que “los que tienen un buen concepto de sí mismos
disfrutan de cierta paz, porque se centran en otros [...]. Los que se
tienen en poco son prisioneros del propio yo. Están encerrados en sí mismos,
pendientes siempre de su persona”. Huyamos de esa situación por medio de
no estar “vigilando con interés personal solo [tus] propios asuntos, sino
también con interés personal los de los demás” Filipenses 2:4. Cuanto más nos
interesemos por otros, menos nos preocuparemos por nuestros propios
sentimientos de inseguridad.
*Tomemos las críticas con
calma: “No des tu corazón a todas las palabras que hable la gente, para
que no oigas a tu siervo invocar el mal contra ti” Eclesiastés 7:21, sobre todo cuando lo único
que hacen es rebajarte. Por otro lado, si la crítica es merecida, busquemos
maneras de aplicarla. “El sabio escucha y absorbe más instrucción [...].
La sabiduría y la disciplina son lo que han despreciado los que simplemente son
tontos” Proverbios 1:5, 7. Quizás nos quedemos corto en algún campo, pero
eso no significa en absoluto que seamos un fracaso como persona. Como es
natural, incluso los fracasos relativamente pequeños duelen. ¿Qué nos puede
ayudar a superarlos? En primer lugar, afróntalos de forma realista. Michael
recomienda: “En vez de pensar que eres un auténtico desastre, determina en qué
fallaste y cuál fue la causa. De esa forma, podrás hacerlo mejor la
próxima vez”. En segundo lugar, no nos tomemos demasiado en serio. Hay
“tiempo de reír” Eclesiastés 3:4 y eso pudiera incluir reírnos de nosotros
mismos. Si nos desanimamos, centremos nuestra atención en algo que hagamos
bien, como un deporte o una afición. Si eres “[rico] en obras excelentes”
1 Timoteo 6:18, tales como dar a conocer tu fe, te sentirás mejor contigo
mismo. Por último, recordemos que “Jehová es misericordioso y
benévolo [...]. No por todo tiempo seguirá señalando faltas” Salmo
103:8, 9. Jessica dice: “Cuanto más me acerco a Jehová Dios, más confianza
tengo en que me apoyará y me ayudará en cualquier cosa que me pase”. Así es,
reconforta saber que a pesar de nuestros fallos, nuestro Padre celestial nos
valora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario