Anoche me
acosté a las 24:23 horas, lo hice entusiasmado por que llegara el nuevo día
para retomar el diario y escribir en el, incluso, hice algunos bosquejos
mentales de cómo comenzaría el relato y que me quedaron fantásticos por cierto,
pero de los que no queda rastro de ellos esta mañana; hay edades en las que se
debe apuntar todo y asistirse de una agenda porque de lo contrario se te acaban
olvidando las cosas. A tal punto llego el grado de excitación, que acabé
desvelándome y me costó mucho dormirme, para más INRI, me desperté a las 3 y
algo de la madrugada y ya he permanecido así hasta las 5 horas en que entró
Isabel una de las enfermeras a cambiarle los pañales a mi nuevo compañero
Amando Amor de 80 años de edad; en definitiva, que hoy no me he asomado al
escaparate “cruel” de la sala de estar de la planta C3 del hospital Santa Creu
Sant Pau de Barcelona , desde cual chiquillo ansioso de pasteles, contempla
estos detrás de la barrera infranqueable, inexpugnable, del escaparate del obrador.
Son las 7:30 de la mañana, te escribo
desde mi habitación, ha salido el sol y como diría Don Juan Manuel Serrat “¡Hoy
puede ser un gran día!, depende en parte de ti”. La verdad que para mí parece
pintar bien, pues hoy vendrá mi querido hijo Abraham y me traerá la guitarra y la armónica
diatónica que llevo conmigo siempre en el camión; siempre hay que tener
recursos para llenar los vacíos emocionales que se generan al cabo del día en el
que, caso de mi profesión, paso muchos momentos solo y en esperas aburridas,
así que la Biblia
y la armónica son mis compañeras de viaje; hay que cuidar el espíritu y el alma.
Ayer le pedí a Marcelino Samsó que me hiciera llegar una foto preciosa de los
niños del orfanato en Ruanda donde colabora humanitariamente, en la que tomada
desde arriba, se ven sus caras mirando al cielo y un balón; me gustaría tenerla
de salvapantallas en el ordenata que me han dejado Chelo y Saliu mis queridos
cuñados, de manera que tengo motivos para tener, al menos hoy; “Ilusión”,
porque la vida sin ilusión es una vida triste y vacía, ¿te hace ilusión que te
escriba, querido diario?.
Hoy he
pasado todo el día prácticamente sin salir de la habitación, esperando la
visita del Hematólogo, que al final no ha venido, y he avanzado mucho en la
lectura de La Venus
del Cuadro, te recomiendo su lectura. Al final no ha venido Abraham a traerme
la guitarra, pues no se encontraba bien; pero he recibido la visita de Isabel
Cervera (la de la tertulia de aquella tarde deliciosa Marcelino), hemos leído
juntos el capitulo 34 de Jeremías y hemos estado repasando los puntos
sobresalientes que hayamos individualmente en los capítulos 32 y 33, en estas han
llegado su hermana Elisa y cuñado José Morell y hemos estado charlando un rato
como colofón a la tarde; bueno, más que charlar he hablado yo, que como sabes
tengo la manía de acaparar las conversaciones. Tengo que trabajar en ese
aspecto. Por cierto Isabel me ha regalado un dominó que ha comprado en los
cochinos ¡hay! digo en los chinos y me ha quedado la duda de si… ¿vendría
tentada a retarme a una partida? Lo siento Isabel pero pienso ganar también al
dominó.
Bueno, como
ves, al menos pasan cosas para llenar una página, entre unas y otras se va
ocupando el día y rompiendo la rutina y también tienen su carga de ilusión, no
he mencionado todavía que hoy me han llamado mi cuñada Chelo, Rosarito y Eduardo
y bueno aunque parezca una tontería; me hace ilusión. Muchas gracias.
Al llegar a
la habitación, me esperaba despierto Amando mi compañero, contrario a su
costumbre, porque estos de 70 para arriba duermen más que los lirones; hemos
estado hablando casi hasta las 24 horas, he disfrutado de sus batallitas y a el
le ha sentado bien contarlas. Lo veo bien y me estoy temiendo que le darán el
alta muy pronto; hoy le decía que esperaba que el próximo compañero viniera
medio muerto a ver si me duraba más tiempo en la habitación, porque tiene
narices la cosa, me duran menos que un caramelo a la salida del colegio y por
otro lado aquello de “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas
a remojar” tampoco es que se cumpla en mi caso, que tengo que ver como se me
marchan mientras yo sigo aquí, ¡mundo cruel!. Hasta mañana corto y cierro.
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